En lo profundo de la noche,
sigo esperando que vuelvas,
con esa sonrisa tuya,
diciendo que todo fue una broma,
un mal chiste.
Que se te hizo tarde,
que sólo tuve un mal sueño,
y que mañana iremos a dar una vuelta
a un lugar que elegiste
pero que será una sorpresa.
Que no me vas a dar ninguna pista
y que sabes que me va a gustar
porque conoces bien mis gustos.
Me dirás a qué hora saldremos
porque no te gusta esperar,
y te irás a dormir temprano
para que mañana estés bien
y disfrutar del día.
Ya no hace tanto calor
pero todavía no se hace de noche
hasta las nueve o diez,
y aprovecharemos el día.
Pero no te escucho llegar.
No se sienten tus pasos ni tu llave
abriendo la puerta.
Sólo se escucha silencio.
Sólo se siente vacío.
No volverás.
Ya no puedes volver.
Se apagó tu luz.
Se durmieron tus ojos.
Se silenció tu risa.
Y en el frío lugar en que te encuentras,
yacen tus sueños y los míos,
inertes, detenidos en el tiempo
y en la nada.
Y, aún así, en lo profundo de la noche,
en mis sueños,
sigo esperando que vuelvas.

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